5/9/17

Diario incierto 4

Primer ciclo chutado para Enrique, miedo novato superado, cada pequeño escalón saltado es como una montaña rusa conquistada, cuya cima será en todo momento ilocalizable, como los focos de infección cuando las defensas bajan por esa misma montaña.
Esther ya ha asumido que hay dos términos que debe adoptar y alimentar como antes rescataba y acogía animales: el nuevo perro se llama INCIERTO, el nuevo gato se llama ILOCALIZABLE.

Qué rápida y ágil es nuestra mente cuando se ve obligada a funcionar bajo las órdenes de un nuevo marco, palabras que ya conocíamos y usábamos torpemente se convierten en otras mucho más importantes cuando el contexto es inesperado, nos adaptamos a ese nuevo nivel en cuestión de horas, palabras que se esfuerzan en determinar lo indeterminado.

El "lenguaje doliente" dispensado por el personal profesional puede ser casi tan peligroso como la propia enfermedad, puede ser tan escamoso y tramposo como un Tac.
Septiembre, Enrique en el hospital, con una infección ilocalizable.
Al lado de él, Esther logra en los libros encontrarse.

Cuando a su padre le quitaron en junio inesperadamente el bazo quedándose lo otro dentro, superó el shock cuidando a Enrique mientras leía "El universo oye lo que sientes", WAYNE DYER; y "Un verano sin hombres", SIRI HUSTVEDT.


Ahora se autocuraba emocionalmente con "La rueda de la vida",el insuperable testamento espiritual de Elisabeth Kübler-Ross. 

Aunque los libros la enriquecían de forma brutal, las personas con las que hablaba en ingresos, revisiones, pruebas y quimio conformarían parte de el auténtico libro de su vida. Aunque siempre con la esperanza de que sólo representaran el prólogo de una propia y habitable historia.
Personas con una experiencia vital asombrosa le detallaban su drama con fuerza admirable, Esther sentía que se encontraba con ellos por destino, para aprender, para fortalecerse, a todos los veía por encima de sí misma, a todos los veía maestros de algo que ella aún necesitaba aprender. Mil dudas y la más importante de las certezas: era una diminuta novata deseosa de absorber conocimientos o, como mínimo, "intuiciones progresivas". 

Conocer a C. y compartir, literalmente, cientos de horas de incertidumbre con ella en la Arrixaca durante todo junio había sido la experiencia más abrumadora y estimulante jamás vivida, sobre todo cuando llorando le confió ser la madrina de alguien muy especial que se había hecho desafortunadamente popular en todo el país por un final durísimo que no será aquí mencionado. Su ahijada ahora es su ángel, ambas tienen los mismos bellísimos ojos azules, rasgados y superpuestos a una cochambrosa realidad que no logrará alcanzar y apagar esa sobrenatural luz celeste. 

Ella no era de este mundo, querida amiga. 
Sabemos lo fácil que es escribirlo mientras el dolor te come, pero quedamos en eso las dos y esa alucinación tan real te tranquilizaba, y te tranquiliza. Ella no era de este mundo.

Tal vez se debiera a una sensible visión práctica de lo que debía ser la vida o tal vez a un respeto reverencial, pero Esther recogía y atesoraba cada historia en un diario privado, puede que no íntimo pero sí privado, la intimidad había perdido valor desde que había mostrado a un montón de desconocidos sus signos de cansancio, confusión y tristeza. 
Había intentado vanidosamente ocultarlos pero eso resultaba más agotador, prefirió exponerse, exponer mandíbula tensa y mirada de Candy-Candy postpunk a médicos, enfermeros, familiares de enfermos, cuidadores nocturnos, limpiadoras, visitas de estudiantes en prácticas, amigos de los familiares de los enfermos, visitantes ocasionales de compromiso que apenas conocen al enfermo pero sí al cuidador, una espiral que cuando logra parar y estabilizarse crea una sociedad en sí misma. 

Por mucho que le aliviara leer y escribir la mirada interior necesitaba descansar, y encontrarse con los otros, conocidos o no, encontrarse también con su padre, mirarse y sin hablar decirse...

Da igual lo poco que nos entendiéramos antes, ahora lo estamos haciendo bien. En estos momentos es cuando se entienden todas las palabras que no se dijeron a tiempo, porque las acciones y la voluntad tienen siempre la última palabra. No hablo de que estemos haciendo lo excepcional, simplemente hablo de no huir, de pasar de vértigos y atrevernos a subir a una noria hiperactiva sabiendo que, lo mejor que puede ofrecernos, es que no pare... dibujando la misma circunferencia una y otra vez, mientras te tienta con mareos y nauseas nosotros despistaremos sus intenciones admirando las vistas cada vez que estemos en un punto alto. 
¿Notas las dotes de mi hermano para distraerte con cualquier cosaYo sabía que tenía un hermano amoroso, pero no sabía hasta qué punto era un hijo tan comprometido, entrañable y sensible con tu enfermedad, espero que puedas ver lo grande que es... espero que entiendas qué gran suerte es tenerle. 

Podremos descansar algunos días, papá, cuando las fiebres y el dolor bajen de la noria, del super-loop, de la montaña rusa y del castillo del terror. 
Nos sentaremos en una terraza con nuestros ángeles ladradores, comeremos patatas al ajo cabañil, beberemos cerveza y volveremos a ser tan sencillos e ignorantes como antes.

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